Isagri. 12/03/2026
El pasado 3 de marzo, el IRTA FruitCentre de Lleida se convirtió en mucho más que un centro de investigación: se convirtió en un punto de encuentro donde la fruticultura catalana se reunió para pensar en voz alta sobre su propio futuro. Bajo el título FRUTICULTURA 360: Claves y técnicas para una fruticultura regenerativa, la jornada reunió algunas de las voces más influyentes en investigación, gestión de fincas y tecnología aplicada al campo, con un objetivo común: entender cómo combinar suelo vivo, microbiología, maquinaria de precisión y datos para que los frutales sigan siendo rentables en contexto de cambio climático y presión de costes.
La jornada contó con un panel de referentes absolutos del sector frutícola y regenerativo, tanto a nivel técnico como científico y empresarial. Desde Simó Alegre y Georgina Alins (IRTA), marcando la visión de largo plazo y el papel estratégico del suelo, hasta perfiles como Isabel González (New Holland), Jaime Olaizola (ID Forest), Xavier Viladot (Pomona Fruits) y Matías Morgan (Sencrop), que aportaron una combinación muy potente, y aportaron una combinación muy potente de tecnología, microbiología, experiencia de campo y datos climáticos aplicados. En conjunto, voces con muchos años de trayectoria y autoridad en sus ámbitos, que dieron a la jornada un nivel técnico y estratégico difícil de encontrar en otros foros.
FRUTICULTURA 360 fue, sobre todo, un punto de encuentro muy específico y necesario: un espacio donde investigación pública, empresas tecnológicas y fruticultores se sentaron a hablar, de tú a tú, sobre cómo debe ser la fruticultura si quiere seguir siendo competitiva en un contexto de cambio climático, presión de costes y nuevas exigencias de mercado.
De la visión de largo plazo a las decisiones que se toman en la finca
La inauguración corrió a cargo de Simó Alegre, director de Desarrollo de la Investigación y la Innovación en el IRTA, que situó el listón arriba desde el principio. Recordó que la fruticultura es el primer sector vegetal de Cataluña, pero también uno de los más expuestos: depende del clima, del suelo, del agua, de la energía y de un mercado cada vez más exigente y cambiante.
Su mensaje podría resumirse en una idea: el sector necesita mirar a 10–15 años vista, y no sólo en la próxima campaña. Alegre insistió en que el reto no es "proteger el cultivo del medio", sino integrarlo en el entorno, reforzando suelo y agua con soluciones basadas en la naturaleza y apoyadas en la tecnología. No se trata sólo de mantener árboles en producción, sino de conseguir un doble hito: empresas competitivas y alimentos saludables a un coste asumible. Esta visión de largo plazo sirvió de marco para todo lo que vino después.
A partir de aquí, cada ponente fue aterrizando esta visión en su terreno: la maquinaria y la conectividad, el suelo y su biología, la experiencia real en fincas que ya han dado el paso y la importancia de medir bien el clima para tomar decisiones. ISAGRI Conecta actuó como hilo conductor, recordando en varios momentos de la jornada que ninguna de estas piezas tiene sentido de forma aislada, y que el verdadero valor aparece cuando se conectan: desde el microbioma del suelo hasta el cuadro de mando en la oficina.
Tecnología en el campo: precisión, autonomía y datos que trabajan en silencio
El primer bloque técnico vino de la mano de Isabel González, responsable de Precisión Technology Iberia en New Holland, que dibujó con mucha claridad cómo está cambiando la maquinaria en los cultivos permanentes. Presentó a la nueva generación de tractores autónomos e inteligentes, pensados también para frutales: modelos híbridos o eléctricos, con sensores LIDAR, aplicación variable y una lógica de fondo muy clara: producir el mismo o más, con menos combustible, menos inputs químicos y menos huella de carbono.
Pero lo más interesante de su ponencia no fue sólo el “tractor del futuro”, sino el mensaje que le acompañaba: la autonomía no va sólo de máquinas, sino de conectividad y gestión de los datos. González insistió en que un tractor conectado registra automáticamente las tareas, optimiza el tráfico en la finca para reducir la compactación, permite gestionar flotas y se integra con plataformas de gestión agronómica. En otras palabras, el mismo trabajo que siempre se ha realizado —pasos de tractor, tratamientos, labores— se convierte en información estructurada sobre la que se puede decidir.
Aquí ISAGRI encaja de forma natural: cuando estos datos viajan del tractor a los programas de gestión de ISAGRI, el fruticultor y el director técnico dejan de pelearse con libretas, hojas y Excels, y pueden apoyarse en informes claros de costes, rendimientos y eficiencia por parcela y por tarea. La tecnología deja de ser una “capa bonita” y se convierte en una herramienta silenciosa que trabaja en segundo plano.
El suelo en el centro: regenerar para producir (y no al revés)
Si la parte tecnológica puso el foco "de la finca hacia arriba", la ponencia de Georgina Alins, jefe del programa de Fruticultura del IRTA, le llevó "hacia abajo", al suelo. Alins recordó que hablamos de un recurso no renovable a nivel humano, que sostiene tres pilares fundamentales: la alimentación, el secuestro de carbono y la biodiversidad.
Realizó una defensa muy clara de la agricultura regenerativa como enfoque práctico, y no como una etiqueta. En lugar de recitar un listado estándar de prácticas, insistió en que cada finca debe empezar por hacerse una pregunta muy concreta: "¿Qué problema quiero resolver aquí?"
A partir de ahí, habló de:
• Cubiertas vegetales funcionales, pensadas para aportar servicios al cultivo (control de la erosión, mejora de estructura, refugio de fauna útil, etc.),
• aumento progresivo de la materia orgánica,
• diseño de franjas florales y vallas como infraestructuras ecológicas,
• elección adecuada del material vegetal y del diseño de plantación,
• estrategias realistas de reducción de fitosanitarios basadas en conocimiento y no sólo en restricción.
Su mensaje conectó muy bien con las preocupaciones del público: muchos asistentes reconocían, en sus preguntas, que ya intuían la necesidad de cambio, pero buscaban criterios técnicos claros y escalables. La intervención de Alins sirvió para definir la regenerativa como algo compatible con la productividad, siempre que se realice con diagnóstico y planificación.
Microbioma, metagenómica y vida del suelo: lo que no se ve, pero lo aguanta todo
El siguiente bloque se adentró en un terreno que hasta hace pocos años sonaba casi a ciencia ficción en muchas fincas: el microbioma del suelo. Jaime Olaizola, gerente de ID Forest, defendió la idea de una “sostenibilidad real” basada, precisamente, en conocer y gestionar esa vida invisible que sostiene el sistema.
Explicó el papel de los hongos micorrízicos, capaces de multiplicar la absorción de agua y nutrientes; de las bacterias solubilizadoras, que facilitan la disponibilidad de elementos clave; y de las tricodermas como agentes de control biológico frente a patógenos de suelo. Pero, más allá de la lista de organismos, lo relevante fue cómo mostró el uso de la metagenómica para analizar la biodiversidad microbiana, agruparla en grupos funcionales y correlacionar tipos de manejo con estados de salud del suelo.
Esta capacidad de medir –y no sólo intuir– el efecto de las prácticas regenerativas abre la puerta a algo muy potente: poder relacionar decisiones de manejo con rendimiento, calidad del fruto y resiliencia futura de la plantación. El mensaje volvía a conectar con la filosofía de ISAGRI Conecta: sin datos que midan lo que hacemos, es difícil hablar de transición real y no sólo de experimentos aislados.
La voz del campo: diez años regenerando una finca frutícola
Para evitar que todo quedara en teoría, la jornada dio la palabra a quien lleva años aplicando estos conceptos en su explotación. Xavier Viladot, cofundador y responsable de producción de Pomona Fruits, compartió el recorrido de su empresa familiar: unas 30 hectáreas propias, certificación ecológica y Demeter, y una decisión clara, hace años, de avanzar hacia un modelo regenerativo.
En una década de trabajo, han pasado de un 1,2% de materia orgánica cerca del 3%, con impactos medibles: mayor biodiversidad, mayor actividad microbiana e, incluso, hasta un grado menos de temperatura media del suelo respecto a fincas convencionales cercanas, lo que se traduce en mejor respuesta en episodios de sequía.
Viladot fue muy claro: para él, agricultura regenerativa y agricultura ecológica van en la misma dirección. Explicó cómo su estrategia combina cubiertas permanentes, uso intensivo de compost, elaboración propia de inputs y estrecha colaboración con apicultores, lo que no sólo mejora el ecosistema de la finca, sino que refuerza el relato que pueden trasladar al mercado y a sus clientes. Su intervención aterrizó muchos conceptos en el “cómo se hace al día a día” y dio credibilidad a que no es una moda, sino una manera viable de trabajar.
El clima como variable crítica: decidir con datos y no sólo con intuición
El último bloque temático corrió a cargo de Matías Morgan, responsable comercial de Sencrop, quien centró su intervención en la importancia de la monitorización climática de proximidad. En un contexto de variabilidad extrema, donde una helada de dos horas o una tormenta localizada pueden marcar una campaña, disponer de una red de estaciones conectadas cerca de las fincas deja de ser un gadget y pasa a ser una herramienta estratégica.
Morgan explicó cómo esta información en tiempo real permite ajustar tratamientos, anticipar riesgos de enfermedades o heladas, optimizar el riego y reducir el uso de insumos. De nuevo, la idea seguía el mismo hilo: los datos —si están bien recogidos, integrados y analizados— son una palanca para producir más y mejor, con menor coste y menor impacto.
Aquí vuelve a aparecer el papel de ISAGRI: cuando estos datos climáticos se integran con los datos de parcela, labores, rendimientos y costes en un software de gestión, la explotación pasa de reaccionar "por sensación" a tener una base objetiva para planificar y justificar decisiones.
Un coloquio que continúa: suelo, biodiversidad y resiliencia como conversación diaria
La jornada no terminó con la última diapositiva. El coloquio final, junto a Georgina Alins, Xavier Viladot y Jaime Olaizola, fue probablemente uno de los momentos más valiosos. Se habló de límites, de miedos, de tiempo de transición, de cómo financiar cambios, de qué se puede hacer y qué requiere más maduración.
Más que grandes titulares, lo que quedó fue la sensación de que la agricultura regenerativa en fruticultura no puede quedarse en jornadas puntuales: debe convertirse en una conversación cotidiana entre fruticultores, técnicos, centros de investigación y empresas proveedoras de tecnología. El vino de honor sirvió para alargar esta conversación de forma más informal, con intercambios de contactos, propuestas de visitas a campo y muchas frases del tipo “eso me gustaría probarlo en mi casa”.
ISAGRI Conecta: facilitar que el sector se encuentre, se escuche y avance
Para ISAGRI Conecta, esta jornada ha sido la confirmación de una intuición: el sector frutícola necesita espacios especializados, de mucho nivel técnico pero con los pies en el suelo, donde se pueda hablar de futuro sin perder de vista la realidad de cada explotación.
El valor de Fruticultura 360 no estuvo sólo en la calidad de las ponencias, sino en el tipo de público que reunió y en cómo se mezclaron las voces: técnicos de explotaciones, asesores, fruticultores, investigadores y empresas tecnológicas compartiendo mesa y pasillos. ISAGRI Conecta se posiciona así como un actor que no sólo ofrece herramientas digitales, sino que ayuda a construir la conversación y las alianzas que el sector necesita para dar el salto hacia modelos más regenerativos, eficientes y rentables.
En definitiva, el futuro de la fruticultura pasa por cuidar el suelo, aprovechar la microbiología, utilizar mejor la tecnología y tomar decisiones basadas en datos, pero también por algo tan simple y, a la vez, tan exigente como sentarse juntos, escucharse y construir ese futuro de forma compartida.
Y en eso, en Lleida, se dio un paso importante.